Para conducir la bicicleta por la ciudad no sólo hay que saber montar en bici (pedalear y mantener el equilibrio), sino que es imprescindible saber utilizarla como un vehículo. La creencia de que se puede utilizar como medio de transporte al margen del tráfico de vehículos no responde con la realidad. Huir del resto de vehículos utilizando aceras y carriles bici no evita la interacción permanente con el tráfico, llegando a ser estas interacciones incluso más arriesgadas, así como, perjudiciales para los peatones. Muchas veces se confunde la sensación de inseguridad con la inseguridad real, que disuade a muchas personas de utilizar la bicicleta en la calzada. Por ejemplo: un adelantamiento al ciclista puede transmitir sensación de peligro, aun cuando se haga correctamente; un vehículo que circula tras el ciclista puede transmitir sensación de intimidación, aunque el conductor del vehículo no tenga ninguna actitud violenta; la velocidad que puedan alcanzar otros vehículos puede despertar una opinión generalizada de que la calzada es un lugar peligroso, sin embargo, dichos vehículos reducen la velocidad cuando detectan que hay otro circulando a una velocidad menor; etc.
Igual que se aprende a circular por la ciudad con cualquier otro vehículo o a cruzar la calle andando por el lugar adecuado, también es necesario aprender a conducir la bicicleta de manera que el ciclista tenga las herramientas adecuadas para conocer los riesgos y poder evitarlos. Una vez haya adquirido estos conocimientos, el ciclista estará en disposición de circular autónomamente con total confianza y seguridad por cualquier tipo de vía urbana, independientemente de sus características (avenidas, rotondas, calles, zonas residenciales, etc.).
Una desacertada opinión considera que sobre los ciclistas se cierne una fatalidad que, al parecer, no sufre el resto de usuarios de la calle: los accidentes debido a despistes, imprudencias e irresponsabilidades y/o imprevistos de cualquier índole. Como bien se sabe, esta lacra afecta por igual a todos los usuarios de la calle. Por ejemplo: un conductor ebrio conduciendo un coche es tan peligroso para un ciclista como para un motorista, peatón, conductor de otro coche, e incluso para sí mismo.
De esta forma, circular en bicicleta por la ciudad no es más arriesgado que hacerlo en cualquier otro tipo de vehículo. Las calzadas de todas las ciudades son perfectamente ciclables si se siguen unas reglas sencillas que permiten al ciclista evitar los accidentes urbanos más habituales:
Manual urbano de circulación ciclista
Las cuestiones de pacificar el tráfico y reducir el uso del coche son temas que no corresponden a un problema específico que impida poder circular en bici por la ciudad. Se trata de problemas que afectan a todas las personas, independientemente de su forma de moverse. Por lo tanto, no es una lucha de bandera ciclista, sino ciudadana.
Igual que se aprende a circular por la ciudad con cualquier otro vehículo o a cruzar la calle andando por el lugar adecuado, también es necesario aprender a conducir la bicicleta de manera que el ciclista tenga las herramientas adecuadas para conocer los riesgos y poder evitarlos. Una vez haya adquirido estos conocimientos, el ciclista estará en disposición de circular autónomamente con total confianza y seguridad por cualquier tipo de vía urbana, independientemente de sus características (avenidas, rotondas, calles, zonas residenciales, etc.).
Una desacertada opinión considera que sobre los ciclistas se cierne una fatalidad que, al parecer, no sufre el resto de usuarios de la calle: los accidentes debido a despistes, imprudencias e irresponsabilidades y/o imprevistos de cualquier índole. Como bien se sabe, esta lacra afecta por igual a todos los usuarios de la calle. Por ejemplo: un conductor ebrio conduciendo un coche es tan peligroso para un ciclista como para un motorista, peatón, conductor de otro coche, e incluso para sí mismo.
De esta forma, circular en bicicleta por la ciudad no es más arriesgado que hacerlo en cualquier otro tipo de vehículo. Las calzadas de todas las ciudades son perfectamente ciclables si se siguen unas reglas sencillas que permiten al ciclista evitar los accidentes urbanos más habituales:
Manual urbano de circulación ciclista
Las cuestiones de pacificar el tráfico y reducir el uso del coche son temas que no corresponden a un problema específico que impida poder circular en bici por la ciudad. Se trata de problemas que afectan a todas las personas, independientemente de su forma de moverse. Por lo tanto, no es una lucha de bandera ciclista, sino ciudadana.
