Los robos de bicicletas están al orden del día. No encontrar la bicicleta donde estaba estacionada es un disgusto que no recomendamos a nadie. Habitualmente los robos de bicicleta se realizan para su posterior venta. Esto solo sucede si hay compradores, por lo tanto, una buena forma de combatir el robo es asegurarse de que la bicicleta que se compra no ha sido robada. Por ejemplo, comprándosela a alguien de confianza o que disponga de factura o ticket de compra. Conservar estos documentos nos puede ser de utilidad para vender la bicicleta con total garantía, así como, para demostrar que la bicicleta es de nuestra propiedad, siempre y cuando incluyan su descripción (número de serie, marca, color, etc.). A continuación, un caso real que pone de manifiesto la conveniencia de conservar estos documentos:
La persona X acompañó a un amigo a comprarse una bicicleta nueva. Tiempo después se la compró sin la factura porque su amigo ya no la conservaba. Un mal día, tuvo la maldita suerte de que se la robaron. Como es normal, fue a realizar la correspondiente denuncia. Al describir la bici no pudo aportar el número se serie por no tenerlo anotado en ningún sitio, ya que no había previsto que pudiera necesitarlo. Al cabo del tiempo, vio una bici atada en una señal de la calle y creyó que era la suya. Inmediatamente llamó a la policía nacional para informar del hallazgo. La policía cotejó las características de la bici encontrada, descritas por teléfono, con los datos de la denuncia. Una vez hecha la comprobación, los agentes acudieron al lugar y mantuvieron el siguiente diálogo con la denunciante:
- ¿Estás segura de que es la tuya?
- Si. Es esta, la conozco perfectamente.
- ¿Reconoces alguna marca que la identifique?
- Si. Este rasguño y la marca donde estaba el timbre.
- Bien, pues llamo a los bomberos para que corten la cadena.
- ¿Pero tengo que ir a la comisaría?
- No. En el momento que corten la cadena, te la llevas.
Mientras esperaban a los bomberos, después de un buen rato, la persona Y salió de un bar que estaba en frente y preguntó si ocurría algo con su bici. El agente respondió que la persona X identificaba esta bicicleta como la que le habían robado. La persona Y, indignada, manifestó que era imposible, que la había comprado hacía poco. Entonces tuvo que responder a un pequeño interrogatorio (cuánto le costó, dónde la compró, etc.). Para resolver la situación, el agente preguntó a las dos si tenían factura o ticket de compra que pudiera justificar su propiedad. X respondió que la tenía, aunque era falso y, además, ni siquiera tuvo que mostrarla en la denuncia. En cuanto a Y, si no disponía de ella, no solo la bicicleta se la llevaría X (quien había hecho la correspondiente denuncia) sino que se le habría imputado el hurto de la bicicleta. Si el valor de la misma hubiera sido superior a 400 euros podría haber sido enviada a prisión; si el valor es menor, habría sido considerado como una falta, lo que supondría una multa o arresto domiciliario. Por lo tanto, la persona Y no tuvo más remedio que abandonar lo que estaba haciendo en aquel momento para desplazarse a su lejano domicilio y mostrar su factura (al menos, la policía tuvo el detalle de llevarla).
Afortunadamente, después del mal trago, el desenlace de la historia fue justo. Sin embargo, podría haber tenido peores consecuencias: ¿Qué habría ocurrido si Y no conservase la factura?, ¿qué hubiera pasado si no se da cuenta de que algo ocurría con su bici?
Este tipo de casos, y otros más extravagantes que podamos imaginar, se deben a que la mayoría de los municipios no tienen un registro oficial de bicicletas donde conste la titularidad del vehículo y, en su caso, no tenemos conocimiento de que el ciclista esté obligado a usarlo. Motivo, también, por el cual es más difícil localizar las bicicletas robadas.
Algunos ayuntamientos ofrecen un servicio de registro de bicicletas accesible a la policía. Estos registros son útiles si exigen la factura con todos los detalles, ya que de otra forma, una bicicleta robada podría volver a ser registrada. Aunque es conveniente registrar la bicicleta, no hay que olvidar que la factura no es un documento difícil de falsificar. Por lo tanto, para que este servicio sea más efectivo debería tramitar el cambio de titularidad cuando se realiza una compra-venta.
Aunque existan estos registros, al igual que otros sistemas de seguridad, no por ello se van a evitar los robos, ya que estos se realizan por la compra-venta, teniendo en cuenta que no hay papeles oficiales que justifiquen la propiedad de la bici. Como ya hemos mencionado, la mejor forma de evitar los robos o reducir su número, es no participar de este mercado. Una posible medida para saber si la bicicleta de segunda mano que queremos comprar no es robada, sería la puesta en marcha de un servicio de compra-venta certificado a través del cual, sólo se puedan ofertar bicicletas registradas previamente con facturas detalladas. Este servicio podría ser un complemento del registro municipal (si lo hubiera) u otro que lo gestionara cualquier entidad (tienda, asociación,...).
Por todo ello, al adquirir una bicicleta nueva lo recomendable es realizar fotografías de la bici y del número de serie (normalmente, grabado en relieve en el cuadro, bajo el eje del pedalier); conservar la factura o el ticket de compra con la descripción detallada de las características de la bici; y, si existiera un servicio de registro, inscribir la bicicleta. Si queremos comprar una bicicleta de segunda mano, deberemos cerciorarnos de que no ha sido robada y de si está o no registrada para, en su caso, cambiar el nombre del propietario. Como los registros son voluntarios, si no se desea registrar, será necesario preguntar al vendedor si se registró con anterioridad porque, si lo está, nos la roban y la denunciamos, la policía detectará que esa bicicleta pertenece a otra persona.
Aunque nunca podremos estar seguros de que no nos van a robar la bicicleta, sí que podemos reducir la probabilidad de que esto ocurra teniendo en cuenta una serie de precauciones:
- Utilizar los sistemas de amarre, como mínimo, a 50 cm por encima del suelo. Se ha comprobado que los antirrobos cercanos al suelo o en contacto con él son los más fáciles de romper.
- Aunque la parada dure un instante, conviene atarla siempre.
- Dejarla, siempre que se pueda, en un lugar desde el cual podamos verla. En su defecto, que sea en un sitio visible por los transeúntes.
- Atar los componentes que se puedan sustraer fácilmente (ruedas, sillín y cuadro).
- Evitar dejarla en la calle durante la noche.
- No amarrarla en postes que por su forma o tamaño se pueda sacar (aunque no por ello abrir) el sistema de cierre.
- Atarla a postes que sean suficientemente firmes, que no se puedan romper ni quitar.
- Utilizar sistemas antirrobo de buena calidad.
En caso de que nos roben la bicicleta o alguno de sus componentes, haremos la correspondiente denuncia. En la cual es importante aportar todos los detalles de lo robado (número de serie, descripción física, foto, marcas identificativas, valor económico, si se tiene seguro…), así como, si sabemos algo de cómo, cuando y dónde ocurrió. Si se dispone de un seguro, la denuncia nos servirá para justificar el robo de la bici.
La persona X acompañó a un amigo a comprarse una bicicleta nueva. Tiempo después se la compró sin la factura porque su amigo ya no la conservaba. Un mal día, tuvo la maldita suerte de que se la robaron. Como es normal, fue a realizar la correspondiente denuncia. Al describir la bici no pudo aportar el número se serie por no tenerlo anotado en ningún sitio, ya que no había previsto que pudiera necesitarlo. Al cabo del tiempo, vio una bici atada en una señal de la calle y creyó que era la suya. Inmediatamente llamó a la policía nacional para informar del hallazgo. La policía cotejó las características de la bici encontrada, descritas por teléfono, con los datos de la denuncia. Una vez hecha la comprobación, los agentes acudieron al lugar y mantuvieron el siguiente diálogo con la denunciante:
- ¿Estás segura de que es la tuya?
- Si. Es esta, la conozco perfectamente.
- ¿Reconoces alguna marca que la identifique?
- Si. Este rasguño y la marca donde estaba el timbre.
- Bien, pues llamo a los bomberos para que corten la cadena.
- ¿Pero tengo que ir a la comisaría?
- No. En el momento que corten la cadena, te la llevas.
Mientras esperaban a los bomberos, después de un buen rato, la persona Y salió de un bar que estaba en frente y preguntó si ocurría algo con su bici. El agente respondió que la persona X identificaba esta bicicleta como la que le habían robado. La persona Y, indignada, manifestó que era imposible, que la había comprado hacía poco. Entonces tuvo que responder a un pequeño interrogatorio (cuánto le costó, dónde la compró, etc.). Para resolver la situación, el agente preguntó a las dos si tenían factura o ticket de compra que pudiera justificar su propiedad. X respondió que la tenía, aunque era falso y, además, ni siquiera tuvo que mostrarla en la denuncia. En cuanto a Y, si no disponía de ella, no solo la bicicleta se la llevaría X (quien había hecho la correspondiente denuncia) sino que se le habría imputado el hurto de la bicicleta. Si el valor de la misma hubiera sido superior a 400 euros podría haber sido enviada a prisión; si el valor es menor, habría sido considerado como una falta, lo que supondría una multa o arresto domiciliario. Por lo tanto, la persona Y no tuvo más remedio que abandonar lo que estaba haciendo en aquel momento para desplazarse a su lejano domicilio y mostrar su factura (al menos, la policía tuvo el detalle de llevarla).
Afortunadamente, después del mal trago, el desenlace de la historia fue justo. Sin embargo, podría haber tenido peores consecuencias: ¿Qué habría ocurrido si Y no conservase la factura?, ¿qué hubiera pasado si no se da cuenta de que algo ocurría con su bici?
Este tipo de casos, y otros más extravagantes que podamos imaginar, se deben a que la mayoría de los municipios no tienen un registro oficial de bicicletas donde conste la titularidad del vehículo y, en su caso, no tenemos conocimiento de que el ciclista esté obligado a usarlo. Motivo, también, por el cual es más difícil localizar las bicicletas robadas.
Algunos ayuntamientos ofrecen un servicio de registro de bicicletas accesible a la policía. Estos registros son útiles si exigen la factura con todos los detalles, ya que de otra forma, una bicicleta robada podría volver a ser registrada. Aunque es conveniente registrar la bicicleta, no hay que olvidar que la factura no es un documento difícil de falsificar. Por lo tanto, para que este servicio sea más efectivo debería tramitar el cambio de titularidad cuando se realiza una compra-venta.
Aunque existan estos registros, al igual que otros sistemas de seguridad, no por ello se van a evitar los robos, ya que estos se realizan por la compra-venta, teniendo en cuenta que no hay papeles oficiales que justifiquen la propiedad de la bici. Como ya hemos mencionado, la mejor forma de evitar los robos o reducir su número, es no participar de este mercado. Una posible medida para saber si la bicicleta de segunda mano que queremos comprar no es robada, sería la puesta en marcha de un servicio de compra-venta certificado a través del cual, sólo se puedan ofertar bicicletas registradas previamente con facturas detalladas. Este servicio podría ser un complemento del registro municipal (si lo hubiera) u otro que lo gestionara cualquier entidad (tienda, asociación,...).
Por todo ello, al adquirir una bicicleta nueva lo recomendable es realizar fotografías de la bici y del número de serie (normalmente, grabado en relieve en el cuadro, bajo el eje del pedalier); conservar la factura o el ticket de compra con la descripción detallada de las características de la bici; y, si existiera un servicio de registro, inscribir la bicicleta. Si queremos comprar una bicicleta de segunda mano, deberemos cerciorarnos de que no ha sido robada y de si está o no registrada para, en su caso, cambiar el nombre del propietario. Como los registros son voluntarios, si no se desea registrar, será necesario preguntar al vendedor si se registró con anterioridad porque, si lo está, nos la roban y la denunciamos, la policía detectará que esa bicicleta pertenece a otra persona.
Aunque nunca podremos estar seguros de que no nos van a robar la bicicleta, sí que podemos reducir la probabilidad de que esto ocurra teniendo en cuenta una serie de precauciones:
- Utilizar los sistemas de amarre, como mínimo, a 50 cm por encima del suelo. Se ha comprobado que los antirrobos cercanos al suelo o en contacto con él son los más fáciles de romper.
- Aunque la parada dure un instante, conviene atarla siempre.
- Dejarla, siempre que se pueda, en un lugar desde el cual podamos verla. En su defecto, que sea en un sitio visible por los transeúntes.
- Atar los componentes que se puedan sustraer fácilmente (ruedas, sillín y cuadro).
- Evitar dejarla en la calle durante la noche.
- No amarrarla en postes que por su forma o tamaño se pueda sacar (aunque no por ello abrir) el sistema de cierre.
- Atarla a postes que sean suficientemente firmes, que no se puedan romper ni quitar.
- Utilizar sistemas antirrobo de buena calidad.
En caso de que nos roben la bicicleta o alguno de sus componentes, haremos la correspondiente denuncia. En la cual es importante aportar todos los detalles de lo robado (número de serie, descripción física, foto, marcas identificativas, valor económico, si se tiene seguro…), así como, si sabemos algo de cómo, cuando y dónde ocurrió. Si se dispone de un seguro, la denuncia nos servirá para justificar el robo de la bici.
